Prueba y Reportaje, Alfa Romeo 4C

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Author: alfistas / Date: Vie, 11/04/2016 - 14:31 / Tags: 4C, Denebola
Prueba y Reportaje Alfa Romeo 4C

PRUEBA Y REPORTAJE, ALFA ROMEO 4C

Nuevamente, el forero Denebola, compartió con nosotros otro de sus apreciados reportajes. Puedes seguir los comentarios y anexos a este reportaje en el foro: VER EL REPORTAJE EN EL FORO

"Que todo el cariño, esfuerzo y tiempo invertidos sirvan para que los miembros que formamos Alfistas.com, podamos sentir o llegar a imaginar lo que sería estar un día junto a un Alfa Romeo como este.
Muchas gracias a la persona que lo hizo posible y, sin más dilación, disfrutad del relato."

INDICE DE CONTENIDOS:

-MODELO Y MOTORIZACIÓN.
-LA PROPOSICIÓN INDECENTE.
-EL VIAJE.
-TRAS AÑOS DE ESPERA, POR FÍN, EL ENCUENTRO.
-RUTA DE MONTAÑA, HABITAT NATURAL DEL DEPREDADOR.
-LA SESIÓN FOTOGRÁFICA.
-VAMOS A COMER Y A CONDUCIR DE MANERA "RACIONAL".
-COSAS CURIOSAS.
-CONCLUSIÓN Y VIAJE DE VUELTA.

-MODELO Y MOTORIZACIÓN:

Alfa Romeo 4C 1750 TBi coupé

Potencia: 241cv a 6000rpm, 350Nm de par entre 2200 y 4250 rpm.
Alimentación: Inyección directa, turbocompresor e intercooler.
Ruedas: Llantas de serie Razze en 17"-18", Pirelli PZERO 205/45 ZR17 88y (delante).
Frenos: Discos ventilados Brembo de 305x28mm y 292x22mm.
Velocidad máx: 258Km/h.
Aceleración (0 -100km/h): 4´5 s
Equipamiento: Color extra Rosso Alfa, asientos en piel negra con costuras rojas, protección de la instrumentación en fibra de carbono, pinzas de freno rojas, salida de escape racing, climatizador manual, alfombrillas específicas, alarma y sensor trasero de aparcamiento.

-LA PROPOSICIÓN INDECENTE:

He vuelto de dar un paseo con mi perro Danko, un enorme dálmata que necesita tanto ejercicio como sea posible, circunstancia que aprovecho para no estar todo el santo día viendo coches en internet o jugando una partidita tumbado en el sofá. Esos momentos de asueto, rodeado de naranjos, caminos polvorientos y naturaleza al fin y al cabo, están dedicados íntegramente a divagar y pensar en mis cosas... Mientras eso sucede, el móvil continúa trabajando y vibrando. Es un aparato que no tiene descanso, pero que suelo mirar poco o nada cuando estoy caminando con mi perro. Por norma general lo que recibo son chorradas de diversa índole al servicio telefónico que se hace llamar whatsapp. En la carpeta de entrada se agolpan sin ningún miramiento fotos de Julio Iglesias ensalzando su virilidad, de Cristiano Ronaldo ejecutando alguna memez, parodias y sobre todo mucho, pero que mucho porno. Pero, en ocasiones, en momentos puntuales de la vida, el whatsapp se transforma de manera involuntaria en un moderno Hermes, mensajero de los Dioses y portador de lo que a la postre sería un precioso regalo:

"- Buenos días máquina. Te veo con ganas de un 4C... Jejejeje, ¿Cómo lo tendrías para venir el martes? Si quieres pasas por casa que tengo garaje para que guardes tu coche, vamos de ruta, comemos y si hay tiempo nos pegamos un baño en la piscina."

Después de la reanimación con palas que me realizaron los sanitarios (un saludo al 112), la respuesta fue, como reza la canción: "Si tú me dices ven, lo dejo todo"

Así comienza un viaje, 24 horas pensando en Alfa Romeo, conduciendo Alfa Romeo y sintiendo Alfa Romeo... Abandono a la novia, al perro (que es el que más me quiere en casa), le hago un corte de mangas a la suegra desde la calle, y acicalo el Giulietta para reunirme con aquello que me hizo entrar en Alfistas.com, ese aparato que ha propiciado que todo lo que escribo también se lea en el Blog "Historiasalfistas", aquel fulgor en rosso lava y amor a primera vista en Ginebra... Bueno, y ya de paso ver también a un amigo alfista.

-EL VIAJE:

Son las 08:00h, tocan diana y detengo el despertador. El diazepam de 10mg que tomé justo antes de ir a dormir me ha sentado de lujo. No soy muy dado a tomar medicamentos, pero a veces los nervios traicionan y es preferible aplacarlos con química antes que ir dando cabezadas al volante, con la boca seca y el estomago revuelto por no haber pegado ojo.
Depósito lleno, un rápido vistazo a la presión de los neumáticos, cámara de fotos, neverita con bebidas y compruebo que aún tengo el corazón en el pecho, a pesar que ha intentado salir por la boca en un par de ocasiones.

El 5 de Agosto es mi cumpleaños (la edad de Cristo, que dicen las viejas del pueblo), así que decido coger autovía y nacional, sin peajes, pero menos monótono y más pintoresco. Quiero disfrutar de este anticipado regalo que me ha propiciado el destino, gozar de los eternos adelantamientos entre camiones, las colas que provoca una eventual caravana con matrícula inglesa, pero en definitiva, recrearme en esas 3 horas y 274 Km que debo recorrer.

Las montañas y sus arboledas, la belleza eterna del Ebro, con sus meandros abriéndose camino a través del terreno. Sé que la DGT aconseja descansar en viajes tan largos, pero esto es como si hubieses recibido una llamada telefónica de Scarlett Johansson, más salida que un mandril en época de celo, metiéndote prisa porque como se te ocurra llegar tarde se alivia ella sola, sin ti. Casi saco el pie derecho a través del suelo del coche y toco con la zapatilla la carretera.

He llegado sano y salvo, bastante entero a pesar de los asientos del acabado Sportiva (tratan bien los riñones en viajes largos), habiéndose comportado el Giulietta de una manera impecable, fino, cómodo y contundente en cada adelantamiento o tramo en el que se podía acortar de manera notoria la hora de llegada. Y todo con un respetable consumo de 5´6L/100Km.
Pero no estoy para dar al botón del Trip ni mirar más datos, tengo la imperiosa necesidad de llamar por teléfono para advertir de mi llegada, así como de buscar un repecho cerca del río para intercambiar líquidos con el Ebro. Ya no aguantaba más.

-TRAS AÑOS DE ESPERA, POR FÍN, EL ENCUENTRO:

Un grandísimo alfista viene a recogerme en moto, y ya inseparables nos dirigimos al lugar en el que duermen los sueños...
En el garaje caben al menos tres coches, pero intuyo un par más de vehículos de menor calado, una moto y algo que parece un quad o un tractor... Si allí dentro hubiese habido un oso envuelto en llamas peleando a muerte contra un tigre blanco con lanzamisiles adosados en uno de sus costados, ni me habría dado cuenta. Toda mi atención, todos mis sentidos y mi alma están focalizados cual luz láser en algo rojo, bajo y ancho como una enorme caja de pastillas Juanola.
El compañero, con buen criterio, ha venido a por mí en su moto con el único propósito de que al llegar a su morada, pudiese escuchar cómo arranca el 4C en frío. Voy a intentar transmitiros la sensación con una sola frase:

"Jamás 60000 euros se habían amortizado tan rápido, el tiempo que dura la media vuelta de la llave en el contacto".

Observando (con impaciencia) desde la calle, la maniobra de salida del garaje, me doy cuenta que tengo que hacer un reportaje sobre el Alfa Romeo 4C. Un coche sobre el que ha escrito lo más granado del panorama periodístico del motor, con grandes crónicas, extensísimos alardes tanto en prosa como en conocimientos técnicos, y es justo en este momento cuando vuelvo a sentirme pequeño. He regresado a ese maravilloso año que todo hombre pasa una vez en la vida, una época en la que terminan las clases, recoges las notas, tu balón de fútbol y te despides de los amigos y las compañeras de clase que visten holgados chándales de colores brillantes. Pasa el verano y vuelven las clases. Llevas las rodillas peladas de hacer "segadas" en las "pachangas" del parque y tu piel está más negra que un tizón, pero algo ha cambiado... Esas chicas que se despidieron con una colleja o un puñetazo en el brazo, ahora vienen con mallas apretadas, la camiseta corta deja entrever un ombligo y, claramente, esos pechos no son los de hace unos meses... Veo salir marcha atrás al 4C y pienso exactamente lo mismo que aquel oscuro septiembre:

"Carlos, no tienes dientes para masticar tanto filete, todo esto te queda grande, pero que muy grande".

Ánimo, acabo de bajar del Giulietta y sin que hayan pasado ni 5 minutos, ya me he dejado caer en el nuevo superdeportivo de Alfa Romeo.
El sonido es atronador, básico, gutural, una tonelada de hierro entremezlada con alimañas salvajes, cayendo por un barranco mientras lo arrasa todo a su paso. Es el sonido de un coche de competición de antaño, una Giulia GT con los escapes cortos bajo las puertas. Se habla largo y tendido del asunto del sonido de un motor 4 cilindros turbo, pero no creo que se pueda mejorar, aunque me gustaría hablar de ello un poco más adelante, en las conclusiones de la experiencia de pilotaje.

La puerta es ancha. Pesa poco, pero parece la de una caja fuerte. El cristal es claramente más fino que el de cualquier otro vehículo en el que haya estado montado.
Ahora mismo eres Leónidas, levantas la camiseta y no te han salido unas espectaculares abdominales, pero eres sin duda el Rey de los Espartanos (no me neguéis que el chiste es bueno). El interior tiene lo estrictamente necesario para disfrutar: Un volante, dos pedales, dos asientos y el bendito e imprescindible aire acondicionado.
Le comento al propietario, con toda la sinceridad del mundo que, en contra de mis principios, quiero buscar alguna pega al interior, pero no soy capaz. El brutal sonido del escape hace que me pregunte continuamente si es legal armar tal escándalo, y la gente que nos saluda al pasar o los niños que tuercen sus cuellos como búhos, impiden que logre concentrarme en encontrar alguna tara. Los plásticos correctísimos, la infinidad de piezas recicladas de otros modelos casan a la perfección en el afilado y estrecho ¿salpicadero?, así como la cúpula de carbono que corona la pantalla digital del 4C.

Callejeamos un poco por el pueblo, el asombrado gentío, cual película de Berlanga se agolpa en las aceras mientras despegamos. Me comentan que cuesta acostumbrarse, y que de vez en cuando aparece el coche lleno de dedazos o de gente que pide amablemente hacerse una foto junto al zarrio. A pesar de ello, me mantengo atento y vigilante a los conductores con los que nos vamos cruzando, siendo de un 100% de probabilidad, el que dicho conductor se vuelva a nuestro paso.
Es una situación algo rocambolesca pues pasado un rato (no mucho), comienza a resultar incómoda. Te gustaría pasar algo más desapercibido pero con este coche es tarea imposible. La estampa, el ruido, el fulgurante rojo que, a modo de curiosidad, es justamente el mismo con el que se pinta el Brera, idéntico código de identificación.

Tomamos unas coca-colas y unas patatas fritas a fin de asentar el estómago y coger fuerzas para lo que nos espera, y es que tenemos una suerte tremenda (hoy es mi día), pues la carretera y ruta que este maravilloso Alfista y su 4C me tenían preparada, está cerrada al tráfico por un evento de cicloturismo o no sé qué historia relacionada con vehículos de dos ruedas no impulsados por motor, así que tras conseguir que nos permitan el paso, me dispongo a vivir lo que a la postre sería una de las mejores experiencias desde que tengo uso de razón.

-RUTA DE MONTAÑA, HABITAT NATURAL DEL DEPREDADOR:

Recodos de montaña, curvas peraltadas, arcén inexistente, cortados, rectas fulgurantes, curvas, curvas, curvas y decenas de curvas enlazadas.
Entre lágrimas, con todos los esfínteres apretados con tuerca y arandela, la mano temblorosa y una colección interminable de soplidos, suspiros, bufidos, mentadas a la madre, alegorías a la muerte y una sensación de velocidad extrema y de fuerza lateral "partecuellos", os dejo un video de un pequeño tramo. Ante todo disculpas por la calidad, no dispongo de cámara profesional, ni GoPro ni nada que se le parezca. El video, no hace justicia ni tan siquiera de una manera infinitesimal a lo que se siente dentro del Alfa Romeo 4C, aunque el chirriar de las ruedas en cada curva y lo que os cuento que olía el habitáculo a goma quemada espero que os sirva de referencia:
 

 
Siento no poder explicarlo de manera técnica, pero una cosa queda clara, es imposible, repito IMPOSIBLE, hacer que el Alfa Romeo 4C se salga de la trazada y por consiguiente de la calzada.
El coche es veloz, no hay duda, pero lo que resulta impresionante a unos límites que desconocía hasta la fecha es el agarre. El 4C es un agarre perpetuo, una sedienta garrapata que se engancha a cada viraje como si fuese el último sorbo de sangre que dará en semanas.

Soy un conductor normalito, y más con un coche que no es el mío, ni se trata de una unidad de pruebas, pero vosotros, que si tenéis utilitarios (o coches de un cierto calado), ¿Conocéis esa sensación al girar rápido en la que notáis que las ruedas pegan como un pequeño salto, que deslizan un poquito y es cuando sabes que el coche llega a su límite? Pues cuando esto sucede en el 4C, cuando notas ese pequeño salto y deslizamiento lateral, el muy hijo de perra se vuelve a agarrar y te mira fijamente a los ojos, desafiándote a echarle huevos y a tomar la siguiente curva un poco más rápido, y la siguiente igual, y la siguiente...
La sensación de agarre es indescriptible, ni en un millón de páginas podría transmitiros lo que es un mágico e invisible raíl por el que circula este Alfa Romeo, la mezcolanza de sensaciones de placer y miedo que proporciona el saber que por mucho que fuerces el coche volverá a colocarse para encarar la siguiente curva en las mejores condiciones posibles.

Un sólo contravolante, uno sólo hemos dado, y no porque el coche no sea una auténtica proeza con un lugar de honor en los anales de la conducción y el control, pero es que cuando se traza una curva de 70km/h a una velocidad que supera el doble de la misma, dónde las manos no llegan, lo hace toda la tecnología que lleva implementada.

El coche no balancea, no hace la barca, ni hay subviraje ni sobreviraje aparente, el tarado de las suspensiones lo hacen duro, rígido, y la posición del asiento del pasajero (casi a 90º) te mantienen tenso en cuanto las cosas se ponen serias. El chasis es ESPECTACULAR, no hay torsión, todo transcurre en el mismo plano que la carretera, no parece que estés en un coche, si no en el patín de Marty McFly en Regreso al futuro.

Vamos a parar un poco, dejar que los frenos bajen temperatura y aprovechar el soleado día para deleitarnos la vista y aplacar las emociones.

Paramos.

 

-LA SESIÓN FOTOGRÁFICA:

Nos detenemos junto a una especie de carro antiguo (que mejor lugar para situar uno de los más modernos). La hondonada y la ausencia de brisa acentúan la sensación térmica que los 32ºC, y el constante y cansino soniquete de las cigarras se encargan de hacer bastante más insoportable de lo que marca el termómetro.

Viendo esto es inevitable sentirse Don Juan Tenorio...

"Cálmate, pues, vida mía. Reposa aquí, y un momento olvida de tu garaje la triste cárcel sombría. ¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, que en esta apartada cuneta más pura tu cera brilla y se respira mejor?"

El efecto óptico es claro y contundente. La anchura de la carrocería y la altura del coche crean una poderosa sensación de fiereza, cómo si el 4C pudiese afrontar la tarea que el conductor quiera encomendarle, se basta y se sobra a sí mismo, la estampa perfecta.

En un principio pensé que sería delicado... ¿Plástico, fibra de carbono? tenía la errónea impresión que el 4C tendría la traza de algo pequeño y endeble, pero no sabéis lo mucho que me alegra contar todo lo contrario. Es rocoso, tosco en los detalles, pero no esa tosquedad que sería el comer un bocadillo de piedra pómez envuelto en papel de lija, no, la rudeza de cada entrada de aire, de cada caída o arista se ve compensada con una contrapartida de suaves curvas.

Es obvio al ver las imágenes que el coche es la voluptuosidad hecha máquina. Un deleite visual completo, de una magnitud que tan sólo puede ser medida en persona, frente a frente, sin pantallas de por medio, sin fotografías. El coche, tú y cuanto menos aire entre ambos mejor.

Puedes pensar en Ferrari, está permitido. Veo el rojo intenso, todavía huele la goma caliente de los neumáticos, paso la mano por el techo (frío junto al parabrisas y cada vez más caliente a medida que llegamos a la luneta trasera que, literalmente, abrasa), intentando separar de manera sensorial, la obra del Biscione de los coches de Maranello. Un Ferrari es más largo y hay más "espacio" para crear formas y trazar líneas, aquí en este Alfa Romeo, toda la esencia, el aroma que desprende la competición y las hábiles mentes de los ingenieros de Fiat, han tenido que concentrarse en una batalla más corta, en un onírico regalo para los" quemados" con algo más que cuatro duros en el bolsillo. Titánica tarea la suya.

Ufffff, me sigue costando olvidar lo que acabo de experimentar, la cabeza no rinde al máximo y trato de sintetizar las ideas que quiero plasmar, que fotos me gustaría hacer y de qué manera narrarlo para que todos los alfistas perciban un poco de la magia que desprende este dichoso 4C.
Ríos de tinta (y casi de sangre) se han vertido cuando los milaneses decidieron "remozar" las ópticas del concept y sustituirlas por unos estrambóticos faros que imitan los ojos compuestos de los insectos.
Hablando un poco sobre la mecánica y la manera de meterle mano al coche, no quedaba claro que hacer si una de las bombillas o de los diodos led se estropeaba. En un principio, el capó delantero no debería ser abierto fuera del taller (tema de ajustes y formación del mecánico), así que el mero hecho de cambiar una bombilla tomaba tintes de tragicomedia.

La unidad que estuve "catando" no llevaba el extra de las cubiertas de faro en carbono, pero ni falta que hace. Visto en persona, el plástico negro es el mismo que el de otras muchas partes del coche, y no se hacía extraño, ni desentonaba en lo más mínimo.
El tema es: ¿Sería posible concebir esta escultura rodante con otras ópticas que no sean estas?
He visto la versión americana, la que aprovecha los faros del 4C Spider, carenados y blanquitos, pero no termino de verlo. Me parece que no es el mismo vehículo y concepto.

Supongo que a estas alturas de la película muchos estaréis pensando que el incondicional amor y adoración hacía el 4C merma el juicio, y mi criterio, invalidando por completo todo lo dicho. No sé si tendréis razón al pensarlo, intento ser objetivo (cuesta... MUCHO), pero dadle una oportunidad a este humilde servidor para enmendar su locura con algún fallo o estropicio que tenga el coche.

Tras contemplar ese maravilloso y sexy culito, retomamos la ruta en busca de un lugar en el que llenar el buche de buenas y suculentas viandas...

-VAMOS A COMER Y A CONDUCIR DE MANERA "RACIONAL":

Tras veinte minutos más de curvas y pura diversión, me bajo del coche con una, jodidamente estúpida, mueca en la cara. Ahora mismo soy un Joker sin maquillar, un niño que destripa el papel de regalo para comprobar que bajo ese cutre envoltorio, en el paquete hay una Playstation 4.

El restaurante parece tener buena pinta, hay un par de autobuses apostados a las afueras y un parking propio (pero de tierra suelta y polvo) que el 4C no pisó en ningún momento. Al parecer es un lugar bastante famoso al que acude, por ejemplo, el equipo Repsol Honda del campeonato de Moto GP cuando se celebran grandes premios en la zona.

Hay hambre, la verdad, pero justo bajas del coche y vuelves la mirada para comprobar que a pesar de haberte alejado tan sólo un par de metros de él, ahí sigue, rojo, resplandeciente y...

Llorad como yo lo hago, pellizcad vuestros pezones con fuerza para demostrar que no es un sueño, que no estáis durmiendo y que lo que contempláis es cierto.

Esto amigos míos, es Beyoncé en la ducha recogiendo una pastilla de jabón sin flexionar las rodillas. Un cortometraje erótico de Penthouse en el que las cinturas de avispa y las kilométricas caderas dan paso a una orgía en la que esta vez, si puedes participar.
La brutalidad es absoluta, me atrevería a decir que Jurásica, primitiva, atroz, es imposible dejar de mirar como ensancha el coche desde la ventanilla hasta el final. Vale que ahí está el motor y todo lo que quieras, pero el golpe es inhumano, demoledor, no puede ser que un coche de este precio y fabricado con unos materiales y maneras tan exquisitas, sea lo que nos ha traído hoy aquí a comer.

No creo que las delicias que vamos a degustar consigan que olvide esos pasos de rueda.

-Choricitos de cabra.
-Tiras de sepia en crujiente con all i oli.
-Magret de Pato del delta con cebolla confitada, judías, patata asada y pimiento verde.
-Café y licor de arroz.

Buen ambiente, fresquitos y regado todo con agua (que hay que seguir conduciendo). Una ligera sobremesa en la que se comentan aspectos tales como las mejoras que se le pueden hacer al coche... Las visuales las paso, un vinilo por aquí, un aditamento estético por allá, muy al gusto del consumidor, pero en cuanto a mecánica lo cierto es que el coche va bien servido con la potencia y puesta a punto que posee.

Obviamente no tengo acceso a los coches a los que si acceden los verdaderos periodistas del motor (no nos olvidemos que soy un fulano cualquiera), y al parecer, soy bastante impresionable, pero las sensaciones que logra transmitir el 4C para alguien como yo son más que suficientes, sobradas, indescriptibles.

Así pasamos el tiempo y reemprendemos la marcha. Queda un largo camino y varios tramos de curvas enlazadas y pronunciadas rectas, así que al ser una carretera abierta al tráfico (no como la de antes), decidimos explorar la capacidad del 4C como coche de uso cotidiano, para el día a día.

¡Ah! Lo olvidaba. Mi compañero alfista, como buen catalán, pidió que le guardaran en un recipiente lo que no había conseguido terminar (parte del magret, patatas...), y decidimos realizar un experimento que desvelaré al final del reportaje.

Desde parado cuesta mover el volante debido a la ausencia de dirección asistida, esto es una perogrullada porque todos sabéis ya que el coche carece de ella, pero es algo totalmente soportable, es una peculiaridad más que una molestia.

El tacto del volante es magnífico. Había leído que era gordo y tal, pero comparado con el de un utilitario cualquiera da la sensación de ser bastante más pequeño y quizá sea ese el motivo por el que la circunferencia parezca más gruesa de lo que es en realidad.
La dirección sigue todas y cada una de las imperfecciones o gradientes del terreno, siendo una constante la situación de ambas manos en posición para corregir esos desplazamientos. Llegas a ejecutarlo de manera intuitiva y pronto te olvidas que lo estás haciendo.

Pues bien, presionas el freno (si no el TCT no deja que selecciones nada), aprietas el botón 1 y tanto el motor como la caja de cambios están listos para funcionar. Sueltas el pie del freno y buscas el tacto del pedal del acelerador para acostumbrarte a no salir en plan "drag race" y entender lo que el sistema de doble embrague tiene que "decirte".

En este punto sucede algo extraño. El coche se tiene que acostumbrar a ti y tu a él, y no hay otra si lo que quieres es circular con un mínimo de soltura y dignidad.
Si presionas poco el pedal del acelerador el Alfa Romeo 4C se vuelve cansino, "perrero", parece que pesa un millón de toneladas y le cuesta moverse. ¿Raro verdad? me sorprendió mucho este aspecto. Notas perfectamente la rigidez del coche, el sonido ronco de algo muy gordo, pero no se mueve, le es difícil hacerlo... ¡Y un huevo de pato! estás tan pendiente de no chocar contra nada, de mirar a ambos lados del stop (la visibilidad lateral y trasera es mala), que no te has percatado que te estás moviendo por debajo de las 1700 vueltas y el turbo ni está ni se le espera.

Resulta que al ser suave con el pedal, el coche responde de la misma manera (esto facilita el aparcar), y con esto no quiero decir que no coja velocidad de manera endiablada (que lo hace), si no que sube las marchas de manera progresiva y acorde con tu pie derecho. Puedes circular de manera tranquila a 100Km/h a unas 2000rpm, en sexta velocidad; pisas a tabla y el coche entiende que viene el disfrute, baja marchas, automáticamente sube vueltas y retiene mientras no hayas cogido la velocidad suficiente como para que tenga que engranar la siguiente. Genial, estupendo y mágico.

Y si estás prácticamente parado y pegas un pisotón al aluminio, el coche sale como una bala, sube vueltas al límite y cambia a una marcha superior plantándote en 200Km/h sin darte cuenta, bueno si, te das cuenta porque el compañero alfista desde el asiento del copiloto te da un toquecito en el hombro para que mires el cuentakilómetros. Es en ese momento en el que sueltas el pie del acelerador, el coche está en cuarta, revolucionado casi al máximo, y se detiene unos instantes para averiguar cuál será tu siguiente movimiento... ¿El fulano este volverá a pegar el pie a tabla haciendo caso omiso del propietario? o por el contrario ¿Acelerará con suavidad para mantener la velocidad?

Si hubiese vuelto a acelerar con fuerza, el 4C habría mantenido la cuarta velocidad hasta el límite y después hubiese engranado la quinta, pero decido contra todo pronóstico, hacer todo lo contrario y pisar con suavidad... Estruendo en el escape, petardeo fallero que retumba en la montaña y descoloca a un grupo de pájaros apostados junto a unas rocas. El coche baja revoluciones y mete quinta y sexta con celeridad para adecuar el ritmo de la marcha a mi flaqueza con el pie derecho. Se vuelve a dibujar una sonrisa en mi rostro, mascullo palabrotas y giro la cabeza buscando una respuesta en mi compañero a lo que acabo de sentir y oír.

Puedes conducir de manera manual, utilizando las endebles y escurridizas levas que hay tras el volante, pero, teniendo en cuenta que en el modo automático también puedes usarlas a discreción y antojo en cuanto lo desees, sigue sin ser algo imprescindible... Pero no hagáis como yo y busquéis la palanca de cambios con la mano derecha (me ocurrió en un par de ocasiones), para mofa y regocijo del copiloto, que no sabía si lo que quería era buscar la palanca del cambio o tocarle la entrepierna.

Tengo 10 u 11 fotografías pilotando el 4C, y ésta es en la que menos abierta tengo la boca. Y no es porque habitualmente suelo conducir de esa manera, es porque era imposible pillarme con una mueca de seriedad o concentración, no puedo dejar de hablar, de soltar improperios, de insultar a la carretera, rezar en arameo, e incluso al cruzarnos con una pareja montada en un Audi TT descapotable, me permití el lujo de sacar la cabeza por la ventanilla y gritarles:

"¡¡¡Os habéis comprado el coche equivocado!!!"

De verdad que me fue imposible dejar de hablar, con el copiloto, conmigo mismo, con el coche, con las curvas, con el TCT... El único que conseguía hacerme callar es el sistema de escape. Cuando él hablaba el resto del mundo permanecía en silencio, con la boca abierta y escuchando los petardeos que emitía cuando le venía en gana, sólo por el capricho de sorprender a los presentes. ¿Cuándo sabía que era mi turno para seguir soltando tacos? pues cuando me daba paso el poderoso silbido de la aspiración del turbo, limpio, agradable y predecible, agudo como una válvula de descarga en un coche preparado.

Unos kilómetros más de magníficos paisajes y queda poco para llegar al destino final.
No quiero llegar a las conclusiones sin comentar una última cosa que posiblemente sea de lo mejor que tiene este coche y que aún no he mencionado: La frenada.

El pedal del freno tiene un recorrido ridículo, mínimo, "pulgarcítico", nimio como poco. Pisas levemente y ya está frenando. Y que frenada señores.
El velocímetro del coche sube a velocidad de vértigo, pero es que desciende con la misma o más celeridad. Ahí está la clave para poder ir tan rápido en las curvas, de ser tan exageradamente divertido en la montaña, una frenada portentosa que te otorga la capacidad de ir al límite de lo permitido por la física, un límite al que nunca llegas porque antes debes vencer otro bastante más difícil de sobrepasar: el del sentido común.

Ahora queda menos para bajarme de este "quiropráctico" que Alfa Romeo se ha sacado de la manga, un coche que responde a la mínima, pegando tus vertebras contra un fino asiento de fibra de carbono y piel rematada con costuras rojas. Una bendita sensación de aplastamiento que la hace tan adictiva como una droga de síntesis. Quién piensa en los 4´5 segundos que tarda en alcanzar los 100Km por hora, si estás gozando del romántico tango que se marcan el estómago junto al hígado cada vez que decides pisar a fondo el acelerador.

Ya diviso el cartel del pueblo, pienso en parar a un lado y dejar abandonado en la cuneta al propietario para poder seguir dando vueltas mientras el cuerpo y la gasolina aguante, pero en el fondo soy una persona decente y una sensación de placer y gratitud me va embargando a medida que el sueño toca a su fin.

Guardamos el zarrio en el garaje.

El 4C sigue murmullando debido a la caña que ha recibido. Oímos como su sistema circulatorio sigue bombeando líquidos pese a estar parado, abrimos el portón trasero y trasteamos el motor. Del vano sale un calor infernal y, efectivamente compruebo que el interior de la carrocería carece de pintura (lo podéis ver en la imágenes). La tapa protectora del motor es plástica, aunque posee un embellecedor-respirador de aluminio, junto a un tapón del mismo material.
Llama poderosamente la atención que la mayoría de tuercas y remaches estén tapizados o embadurnados con lo que parece ser una resina epoxídica dura, que parece fijar las tuercas para que no se muevan, así como una especie de silicona verde o material de ese tipo que pasa por las juntas o algunas abrazaderas del vehículo. Esto no estoy seguro de si servirá para que no se muevan las juntas o si lo han puesto como "sello" de seguridad para saber si alguien ha manipulado el coche fuera de la casa oficial.

El maletero es minúsculo, pero creo que suficiente para que dos personas hagan una simple escapada o para un uso cotidiano en el que no se necesite un coche-furgoneta prácticamente a diario.

 

-COSAS CURIOSAS:

No pienso descubrir nada a estas alturas de la historia, pero quise desmontar un mito (o corroborarlo) y de paso enterarme de algunas peculiaridades que sólo un propietario o alguien que le haya metido mano al coche puede saber...

¿Recordáis que cuando salimos de comer, guardamos un pequeño recipiente de plástico para llevar las sobras de la comida?

Pues bien, terminamos de comer a las 15:30h y en estos momentos son las 17:35h... Esto es lo que hay en el maletero del 4C:

No llegaba a humear, pero estaba tan caliente como si nos lo acabasen de servir. Nos pegamos unas buenas risas con el experimento, porque lo cierto es que el pato era perfectamente comestible y agradable nada más sacarlo del maletero. Dos horas de curvas y fuego lento, así es como se preparara una buena cena.

Chicote, te montaste en un 4C y no sabías que te estaba quitando el trabajo de manera furtiva.
Y es que al abrir por primera vez el portón trasero que da acceso al vano motor y al maletero, te encuentras una pegatina gigante de advertencias como si lo que estuvieses abriendo fuese una central nuclear o algo parecido:

El susto no viene al ver todos los dibujos con explosiones y llamas, pero es que la pegatina queda llamativamente grande en un portón trasero tan diminuto. A pesar de su pequeñez, resulta precioso, lo levantas y dejas al descubierto medio coche, viendo que, efectivamente, si dejas el 4C parado en la calle durante un día de lluvia, lo más probable es que cale toda el agua hacia la zona donde se encuentra el motor. Pregunté por este hecho al propietario y me confirmó que al hacer la compra formuló la misma cuestión, siendo la respuesta que no había de que preocuparse, que todo está pensado para ello... Bueno, lo cierto es que cuando metes la cabeza en el "horno" puedes comprobar que se ve el suelo, tubos de aluminio, tapas plásticas para proteger ciertas partes, protectores térmicos, cinchas remachadas que cubren los silentblocks para aislarlos del calor... Todo al aire, pero bien pensado.

Cómo la boca de llenado del depósito. Situada a la altura de la ventanilla derecha, carente de tapón roscado. Abres y ahí está, decorado con una chapa con el dibujo de la cruz de Milán y el Biscione, eso sí, también han puesto una cazoleta de goma para crear un sello alrededor.

Y ahora doy paso a otras dos cosas.

La primera de ellas es un detalle de la versión europea del Alfa Romeo 4C que se ha colocado en el coche con vistas a su estreno en USA. Resulta que los catadióptricos laterales que a todos nos parecían tan feos en un principio y que ahora ya ni les prestamos atención, poseen en su interior sendos casquillos para colocar una pequeña lámpara señalizadora.

El casquillo está, pero aparece tapado y sin bombilla, aunque también tiene los pasos para el cableado y la conexión con el sistema de alumbrado del vehículo.
En la siguiente imagen podréis verlo si observáis con atención el catadióptrico, que tiene una muesca oscura que aparece justo cuando el flash de la cámara incide sobre él.

La segunda de ellas es quizá la más necesaria y la menos glamurosa del coche.
Cuando compras un vehículo nuevo suelen darte los papeles, la o las llaves, un manual de usuario y algún detalle que el concesionario quiera tener con su nuevo o fiel cliente. Pues bien, al comprar el Alfa Romeo 4C también te hacen entrega de esto:

Pues sí, ahí tenéis a Alfa Romeo en estado puro, una de cal y una de arena. Igual te hace un superdeportivo con chasis en fibra de carbono, que te regala dos embudos de plástico, un codo y un macarrón de obra de los que se utilizan para pasar cables por el techo. ¿Y para qué?
Pues este ingenio sirve para que no tengas que llevar el 4C al mecánico cada vez que quieras rellenar el líquido del limpia (para eso es el codo y la tubería corrugada con su correspondiente embudo), ya que basta con retirar parte de la rejilla que hay junto al parabrisas delantero y deslizar "el montaje" hasta el lugar en el que se encuentra la botella de llenado.
El otro embudo, según me comenta el compañero, al parecer sirve para llenar el depósito de gasolina en caso de que te emociones y los 40 litros que lleva no sean suficientes.

Increíble pero cierto.

-CONCLUSIÓN Y VIAJE DE VUELTA:

Retraso todo lo posible mi marcha, ahí estoy, con los brazos en jarra y sin querer despedirme.
No tengo más que palabras de agradecimiento para alguien que no sólo ha dedicado el día entero a hacerme sentir como en casa, si no que me ha mostrado y dejado pilotar su posesión más valiosa. Desconozco cuál es el límite de la generosidad alfista, de la camaradería y la pasión que unos coches con un determinado emblema sobre el capó tienen que ofrecer, pero lo cierto es que el día de hoy ha sido uno de los mejores auto-regalos que me he hecho jamás.
Comprar un coche de este tipo no es adquirir una atracción de feria en el que cualquiera puede subir y dar una vuelta, no deja de ser un vehículo propio, así que no dejo de sentir gratitud ante un orgulloso propietario, que enseña su coche, y también me dedica un día entero de su valioso tiempo. Gracias, una y mil veces, gracias.

Me levanté a las 08:00h de la mañana y he regresado a casa a las 21:15h, han sido un total de 544Km recorridos en un Giulietta, 6 horas y 20 minutos de carretera con un gasto de combustible de 5´6L/100Km. El resto del tiempo estuve sentado en el Alfa Romeo 4C, unos 150Km, con una velocidad media de 70Km/h (todo curvas de montaña), y un consumo de 9,5L/100Km, algo sorprendente teniendo en cuenta lo que hicimos con el coche.

Si hacéis cuentas, mis pies tocaron el suelo solo para bajar del Giulietta y montar en el 4C, para bajarme de este y volver a sentarme a comer y hacer las fotos. No más de 10 minutos andando en más de 12 horas. Maratón Alfa Romeo.

Al llegar, saludé a la novia y al perro, la suegra me devolvió el corte de mangas y decidí bajar a dar una vuelta con la imperiosa necesidad de estar erguido durante un largo rato, estirar las lumbares y mover las piernas. Es entonces cuando se dispara la adrenalina:

A mi mente llega todo lo vivido y me invade una pesadumbre y una tristeza inenarrable. Recuerdo vívidamente lo que siente el cuerpo al circular en algo tan sumamente rígido e imperturbable a la torsión, el golpe en el pecho y el acompañamiento acústico ante la más mínima insinuación al pedal del acelerador. No subáis nunca, no lo probéis, tan sólo admirar su belleza exterior, sus formas, su desgarradora brutalidad, pero no subáis jamás en él... Vuestros vehículos se verán forzosamente transformados en carritos de la compra, en barcas que zozobran sobre las aguas, lentos transportes de perezosas respuestas.

Hay Alfa Romeos y, desgraciadamente para la mayoría de nosotros, luego está el 4C.

Un saludo y gracias a todos por la lectura.

Ahí queda eso.  8)